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¿Y si tu intuición fuera otra forma de inteligencia?

7 sept
7 min de lectura


Hay decisiones que podemos explicar perfectamente: Hacemos una lista de pros y contras, analizamos las posibilidades, pedimos opiniones, buscamos información y finalmente llegamos a una conclusión.


Y hay otras decisiones que son diferentes: Conoces a alguien y, aunque todo parece estar bien, algo dentro de ti dice: “No sé por qué, pero no me siento cómoda.”

Entras a un lugar y sientes inmediatamente que quieres irte. Recibes una propuesta que, sobre el papel, parece perfecta… pero algo en ti dice que no es para ti.

O, por el contrario, aparece una oportunidad que no tiene mucho sentido racionalmente y, sin embargo, sientes una extraña certeza de que es para ti.


¿Te ha pasado?

Ese momento en el que el cuerpo parece saber algo que la mente todavía no puede explicar.


La mayoría de personas hemos crecido pensando que tomar buenas decisiones significa ser racional, analizar los hechos, pesar los pro y los contra y además controlar nuestras emociones.


Pero ¿y si la intuición también fuera una forma de inteligencia?


La intuición no es necesariamente un don extraño


Cuando hablamos de intuición, es fácil caer en dos extremos.


Por un lado, descartarla completamente como algo irracional y de gente muy alternativa.

Por otro, convertirla en una especie de sexto sentido infalible capaz de decirnos siempre qué hacer.


Yo no creo que ninguno de los dos extremos haga justicia a la verdad en nuestra experiencia humana. Aquí es donde encuentro especialmente interesante el trabajo de Sonia Choquette.


En su libro: “Confía en tus vibraciones” Choquette nos invita a prestar atención a esa percepción interna que tantas veces ignoramos. Para ella, las “vibraciones” son una forma de información y la intuición puede convertirse en una guía práctica para vivir con mayor conciencia. Su propuesta parte de una perspectiva espiritual y energética, algo que ella desarrolla también en otros de sus libros sobre intuición y guía interior.


No necesitamos aceptar literalmente cada una de sus explicaciones para encontrar una pregunta profundamente valiosa en su trabajo: ¿Qué sucede cuando dejamos de ignorar aquello que percibimos internamente?


Curiosamente, la ciencia tiene algunas cosas muy interesantes que decir al respecto.


Tu cerebro procesa mucho más de lo que tú sabes conscientemente


La intuición ha sido estudiada por la ciencia como la capacidad de utilizar información no consciente para tomar decisiones conscientes.


Tu cerebro recibe constantemente una cantidad enorme de información: expresiones faciales, tonos de voz, lenguaje corporal, pequeños cambios en el entorno, experiencias anteriores, patrones que has aprendido a reconocer…


La mayoría de esa información no llega a nuestra conciencia en forma de un pensamiento claramente formulado, ya que nuestro cerebro no logra procesarlo y analizarlo todo, es imposible.


No pensamos: “He detectado tres microseñales de inconsistencia en el comportamiento de esta persona y, basándome en experiencias anteriores, mi cerebro ha calculado que debería desconfiar.”


Simplemente pensamos: “Algo no me cuadra.”


La intuición puede aparecer como una sensación de saber sin saber todavía explicar por qué sabemos. Y eso no significa necesariamente que exista una fuerza misteriosa diciéndonos qué hacer. Puede significar que nuestra mente está procesando información de una manera mucho más rápida y compleja de lo que nuestra mente consciente puede verbalizar.


El cuerpo también participa en nuestras decisiones


Aquí entramos en un terreno todavía más interesante.


El neurocientífico Antonio Damasio desarrolló la llamada hipótesis de los marcadores somáticos, según la cual las emociones y determinadas señales provenientes del cuerpo pueden influir en nuestros procesos de decisión.


Su trabajo ayudó a cuestionar la idea de que tomar decisiones es simplemente un proceso racional separado de nuestras emociones y de nuestro cuerpo. Su teoría postula que la razón, las emociones y el cuerpo están totalmente interconectados, desafiando la idea tradicional de que la lógica opera de manera fría y separada de la biología.


Es decir: pensar no ocurre únicamente “en la cabeza”.


Nuestro cerebro está constantemente relacionado con lo que ocurre en nuestro cuerpo.

  • El corazón cambia.

  • La respiración cambia.

  • Los músculos se tensan.

  • El estómago se contrae.

  • La temperatura corporal varía.

Nuestro cerebro recibe y procesa información relacionada con todos esos estados.


A este proceso de percibir y procesar señales provenientes del interior del cuerpo se lo conoce como interocepción. La investigación contemporánea estudia precisamente cómo esta comunicación entre cerebro y cuerpo participa en nuestras emociones, nuestra percepción y nuestra toma de decisiones.


Por eso las expresiones “lo siento en las entrañas” o “lo pre-siento” resultan mucho más interesantes  ya que no son solamente una metáfora. Nuestro cuerpo y nuestro cerebro están en conversación permanente.


Pero aquí viene una aclaración importante: Que el cuerpo nos dé información no significa que todas nuestras sensaciones corporales sean intuición.


Esta distinción es fundamental.


Porque también podemos sentir miedo.

Podemos sentir ansiedad.

Podemos reaccionar desde una experiencia dolorosa del pasado.

Podemos interpretar una situación desde nuestros prejuicios.

Podemos confundir una amenaza real con algo que simplemente nos resulta desconocido.


Incluso algunas de las investigaciones más conocidas sobre intuición y señales corporales —como los estudios derivados del IGT (Iowa Gambling Task)— han sido objeto de críticas y reinterpretaciones. La Tarea de Juego de Iowa (IGT) es una prueba psicológica utilizada para medir la toma de decisiones en la vida real, la asunción de riesgos y la intuición emocional en condiciones de incertidumbre. 


Algunos investigadores han cuestionado hasta qué punto los participantes estaban realmente tomando decisiones guiados por señales inconscientes, señalando que podían haber adquirido más conocimiento consciente de lo que inicialmente se pensaba.

Y esto, lejos de quitarle valor a la intuición, me parece que la hace todavía más interesante.


Porque significa que la intuición no debería convertirse en una nueva forma de "pensamiento mágico". No se trata de creer ciegamente en todo lo que sentimos. Se trata de aprender a escucharlo y discernirlo.


Confiar en la Intuición no significa obedecer cada sensación

Quizás esta sea una de las ideas más importantes que podemos llevarnos.


Si siento miedo antes de hacer algo nuevo, eso no significa necesariamente que mi intuición me esté diciendo “no lo hagas”. Puede ser simplemente miedo a lo desconocido.


Si siento ansiedad al hablar con alguien, no significa automáticamente que esa persona sea peligrosa. Puede ser una experiencia anterior activándose en mi cuerpo.


Y si siento tranquilidad frente a una decisión, tampoco significa necesariamente que sea la decisión correcta.


Por eso, para mí, cultivar la intuición no consiste en sustituir la razón por el sexto sentido.

Consiste en aprender a escuchar todas las fuentes de información que tenemos disponibles.


  • La mente.

  • El cuerpo.

  • Las emociones.

  • La experiencia.

  • La observación.

  • La intuición: como el conocimiento interno que muchas veces aparece antes de que podamos explicarlo.


¿Cómo podemos aprender a escuchar nuestra intuición?

Quizás el primer paso sea mucho más sencillo de lo que pensamos:


Hacer una pausa.

Porque es muy difícil escuchar una voz interior cuando nuestra mente está hablando todo el tiempo.

Estamos acostumbrados a reaccionar inmediatamente.


  • A contestar.

  • A decidir.

  • A justificar.

  • A buscar opiniones.

  • A anticipar lo que podría ocurrir.

  • A intentar controlar el resultado.


Y en medio de todo ese ruido, quizá haya señales mucho más sutiles que pasan desapercibidas.

Por eso podemos comenzar a practicar algo tan sencillo como esto:


Antes de tomar una decisión, haz una pausa y observa:


¿Qué ocurre en tu cuerpo cuando imaginas decir que sí?

¿Y cuando imaginas decir que no?

¿Sientes expansión o contracción?

¿Ligereza o tensión?

¿Calma o urgencia?

¿Hay una sensación que aparece una y otra vez?


Y después, en lugar de decir inmediatamente “esto es mi intuición”, prueba con otra pregunta:


“¿Qué me está queriendo mostrar esta sensación?”


No estás obedeciendo ciegamente a una sensación. Estás aprendiendo a escucharla.


La intuición también se cultiva

Me gusta mucho que la investigación contemporánea hable de la intuición no solamente como una característica que algunas personas poseen y otras no, sino como una capacidad que puede estudiarse y, potencialmente, desarrollarse. 


Una revisión publicada en Nature Reviews Psychology señala precisamente que la intuición puede entenderse como el uso de información no consciente para la toma de decisiones y que existen esfuerzos científicos por medirla y comprender cómo puede mejorarse.


Esto me resulta especialmente esperanzador. Porque significa que no tenemos que resignarnos a vivir desconectados de nuestra percepción interna.


Podemos: 

  • Practicar.

  • Observar.

  • Registrar nuestras sensaciones.

  • Aprender de nuestras experiencias.

  • Descubrir qué señales son recurrentes en nosotros.

  • Distinguir poco a poco entre una reacción automática y una percepción más profunda.

  • Podemos aprender a combinar esa información con nuestra capacidad de razonar.


Quizás la verdadera pregunta no sea: “¿Debo confiar en mi intuición?”

Tal vez la pregunta sea: “¿He aprendido a escucharla?”


Porque confiar en nuestra intuición no significa dejar de pensar.

No significa ignorar los hechos.

No significa tomar decisiones impulsivas.

Y tampoco significa creer que cada sensación corporal contiene una verdad absoluta.


Significa desarrollar una relación más consciente con nosotros mismos.

Significa aprender a hacer una pausa antes de reaccionar.

Significa reconocer que nuestro cerebro y nuestro cuerpo están procesando información constantemente, incluso cuando nuestra mente consciente todavía no puede ponerla en palabras.


Para mi significa sobretodo, recuperar algo que hemos ido perdiendo con los años: la capacidad de escucharnos.


Sonia Choquette lo expresa desde un lenguaje espiritual cuando nos invita a confiar en nuestras “vibraciones”. 

La neurociencia, desde otro lugar, investiga cómo el cerebro integra información no consciente, emociones, aprendizaje y señales corporales en nuestros procesos de decisión. 


Ambas perspectivas nos llevan hacia una pregunta: ¿Cuánto de lo que sabemos llega a nosotros antes de que sepamos que lo sabemos?


La intuición no es una voz mágica que viene de algún lugar fuera de nosotros. No es un don reservado para pocos. Es una forma de conocimiento que todavía no ha encontrado palabras.

Y quizá también sea algo más misterioso y metafísico... ¿Porqué no? 😉


Pero sí sé que vale la pena detenernos, hacer silencio y escuchar.

Porque a veces, debajo de todo el ruido de nuestra mente, hay una voz muy suave que lleva mucho tiempo intentando hablarnos y contiene mucho valor y verdad.


¿Quieres aprender a cultivar tu intuición?

Si este tema te apasiona como a mi, te cuento que este mes voy a dar un taller titulado: Cultiva tu Guía Interior, donde hablaré justamente de cómo aprender a cultivar nuestra intuición.


Te enseñaré a reconectar con tu cuerpo, a discernir las señales, a hacer ejercicios que te ayuden a acrecentar tu capacidad intuitiva y más. Si te interesa, te dejo toda la información en este enlace: Taller de Septiembre: Cultiva tu Guía Interior.


¡Que tengas un lindo día!

Con cariño,

Susana 🌷

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